Hemos caído en la trampa de creer que lo que merece la pena son los objetivos, los números, las actividades…

Una de las frases que más solemos repetir en nuestra vida es: “No tengo tiempo”. Vivimos en un mundo acelerado, en el que muchas veces no sabemos si somos nosotros los que decidimos lo que hacemos o la vida nos lleva por delante. Todos, creyentes y no creyentes, hemos caído en la trampa de creer que lo que merece la pena son los objetivos, los números, las actividades, las ganancias y docenas de “tonterías” más, que lo único que hacen es quitarnos nuestro sentido en la vida y nuestro significado como personas.

En ese loco proceso olvidamos lo más importante: apreciar y agradecer lo que no cuesta nada, lo que tenemos de una manera gratuita ¡Aquello que realmente nos hace vivir!

Es muy raro lo que voy a decir, pero tuvo que aparecer un virus absolutamente cruel que nos está haciendo un daño terrible, para que podamos aprender (¡Espero que de una vez por todas!) que lo que tenemos es tiempo.

Tiempo para pensar

Tiempo para recordar

Tiempo para agradecer

Tiempo para jugar

Tiempo para conversar

Tiempo para ayudar a otros

Tiempo para meditar

Tiempo para cantar

Tiempo para abrazar

Tiempo para leer

Tiempo para apreciar lo rutinario

Tiempo para disfrutar con la familia y los amigos

Tiempo para descansar

Tiempo para consolar

Tiempo para orar

Afortunadamente la lista no tiene fin… Dios nos regaló el tiempo, pero nosotros no le hicimos caso. ¡Esta es la hora de volver a Él y a todo lo que Él nos da!

¡Ahora que tenemos tiempo!


Con permiso del autor · Artículo original en: Protestante Digital

Imagen de Iulia Mihailov en Unsplash.

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