“Estamos en una carrera contrarreloj para saber cómo tratar esta enfermedad”

Miguel Torralba, médico internista en Guadalajara, nos cuenta su experiencia en estas semanas en primera línea de batalla contra el coronavirus.

En los hospitales se sitúa la primera línea de batalla contra la pandemia que azota nuestro país. Miguel Torralba es médico internista en el Hospital Universitario de Guadalajara. Este médico fue de los primeros en estar en cuarentena preventiva, a principios de marzo, por estar en contacto con un contagiado por Covid-19. Cuando regresó a su puesto de trabajo, todo había cambiado drásticamente en el Hospital: protocolos de protección, cancelación de las consultas, y toda una reorientación de los servicios sanitarios para hacer frente a la epidemia.

En medio de esta situación, Torralba explica cómo su fe en Dios le ha ayudado a tener una perspectiva de servicio y le ha dado fortaleza interna ante las circunstancias difíciles vividas.

 

Pregunta. Han sido semanas muy complicadas. ¿Puedes explicarnos cómo lo viviste?

Respuesta. Tuvimos el primer paciente de Covid-19 a principios de marzo. Al estar yo en contacto con él, tuve que hacer confinamiento de quince días, porque entonces atendíamos sin tener protección, porque no éramos conscientes aun de la gravedad situación.

 

P. Cuando regresas al hospital, ¿qué te encuentras?

R. Pasan varias cosas llamativas. Curiosamente desaparecen el resto de enfermedades, lo que nos hace pensar que hacemos un cierto abuso de los medios sanitarios.

«Nunca habíamos vivido una epidemia de esta magnitud»

Lo que sí vemos es que esto nos ha desbordado, ha sido impresionante. Nunca he vivido algo así. Yo soy internista, digamos que el tratar estas situaciones es mi especialidad. Pero una epidemia de esta magnitud nunca la habíamos vivido, ha sido increíble.

 

P. ¿Cuáles son los cambios que afrontaste en la dinámica de trabajo?

R. En primer lugar, el aislamiento de los pacientes supone una preparación para nosotros, al atenderlos. Desaparecen las consultas, se anulan las cirugías, porque todos estamos viendo pacientes en las plantas. Todo tipo de especialidad que no suele ver pacientes (dermatólogos, oncólogos, etc.) venía a echar una mano a los que estábamos más directamente especializados en los pacientes con Covid-19.

Así que todo lo demás desaparece y te dedicas a atender a pacientes que están aislados, solos, algunos con oxígeno. Como están solos, necesitan que estés más tiempo con ellos.

En el hospital hay un ambiente extraño, al no haber nadie, solo médicos y personal. Vas a la cafetería y está casi vacía… Hay momentos que parece un hospital fantasma.

 

P. Sabemos que en algunos lugares hubo situaciones de colapso. ¿Qué ocurrió en el centro donde trabajas?

R. Del 20 al 30 de marzo estuvimos a punto de llegar al colapso, pero a partir de abril han pasado varias cosas. Por una parte, hemos empezado a tratar a los pacientes mejor, al tener más información sobre el virus. Hemos empezado a usar antiinflamatorios, corticoides, otro tipo de fármacos. Al principio solo procurábamos atacar al virus, pero luego hemos ido aprendiendo a manejarlo mejor. Esto es como una carrera contrarreloj para saber cómo tratar esta enfermedad. Realmente todavía seguimos sin saber tratarla bien, porque no hay ensayos clínicos que nos digan cuál es el tratamiento exacto.

A partir de abril hemos ido disminuyendo los ingresos y vamos dando más altas, eso hace que se normalice la situación. Ahora tenemos unos 15 pacientes en la UVI. En total hemos tenido más de 300 pacientes, y ahora tenemos unos 160 con Covid-19.

Todavía no estamos en una situación de normalidad, pero hemos mejorado con respecto al mes pasado.

 

P. ¿Habéis tenido carestía de elementos de protección?

R. Nosotros hemos estado bastante bien surtidos, en general. Es verdad que hemos tenido que reciclar más de lo normal, usando tal vez más tiempo del que debiéramos las mascarillas o el traje. Si no hubiera una epidemia de esta magnitud quizá lo hubiéramos desechado con más regularidad. Pero este es mi caso, quizá en otras plantas o en otros ambientes hayan tenido problemas, pero mi experiencia es que sí hemos tenido protección.

 

P. ¿Cómo gestionas el regreso a casa, el contacto con tu familia?

R. Fui de los primeros en estar en aislamiento, y la verdad es que lo vives con cierto temor, porque vuelves a casa y piensas que puedes haber cogido el virus y lo puedes haber contagiado a los tuyos. Tengo esposa y dos hijas, y al entrar a casa tienes que irte a una habitación aislada, usar un solo baño… Sientes por primera vez en tu vida el distanciamiento social. Por otra parte recibes el cariño, a través de las videollamadas por ejemplo.

Una vez que vuelvo al hospital, ves a los pacientes con coronavirus, y realmente eres consciente de que eres una parte esencial en su cuidado, pero a la vez, ves a compañeros que están muy enfermos, algunos incluso en la UCI… Pides al Señor que te proteja de esto, tienes el miedo constante a que puedas caer. Es una situación complicada.

 

P. ¿Has podido mantener el contacto con tus hermanos de la iglesia?

R. Sí, siempre he sentido el calor de los hermanos. Sé que hay gente orando por mí. Además del apoyo social que recibimos. Tenemos personas de la iglesia que han enfermado, y tres que tienen familiares que han fallecido por el virus, así que no somos ajenos al drama que se está viviendo. En nuestra iglesia hemos tenido reuniones por Zoom, en Youtube se están colgando las predicaciones y los cultos… Así que sigo teniendo contacto con los hermanos. Yo envío un pequeño devocional por WhatsApp y recibo respuestas de cariño y amor. En el aislamiento, hay un calor y un abrazo virtual que nos da fuerzas. Eso sí, cuando nos vemos por videoconferencia nos da ganas de llorar al no poder vernos en persona, saludarnos y abrazarnos…

 

P. Decías que en el Hospital nunca se había vivido algo así. ¿Te parece que hay una conciencia más generalizada de la necesidad de cambiar nuestra perspectiva vital?

«Tenemos la sensación de percibir la vulnerabilidad y la fragilidad del ser humano»

R. Los médicos en general vemos circunstancias dolorosas a menudo, dramas tremendos. Hemos creado una especie de coraza, para bien o para mal, para que no nos afecte y nos derrumbemos ante las miserias de la vida. Pero esta epidemia ha tocado a mucha gente. Cuando ves a compañeros que se ven afectados, la respuesta es más fuerte. Hay compañeros que se han indignado contra el Gobierno, contra la falta de medios… Pero también hay una sensación de “que no somos nadie”, de percibir la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano. He visto a compañeros llorando, derrumbándose. He tenido oportunidad de hablar del evangelio, de cosas espirituales con ellos. La sensibilidad está más a flor de piel y eso hace más fácil hablar de cosas espirituales.

 

P. A nivel personal, ¿cómo ayuda tu fe en Dios?

R. He pasado varias fases. Hay momentos de incertidumbre y buscas consuelo en los salmos. No soy un héroe, sé que puedo coger el virus y morir. Pero como cristiano estoy seguro de que pase lo que pase estaré con el Señor. Así que vivo todo esto con cierta tranquilidad, con seguridad. Ha sido también un tiempo para leer más, reflexionar. Vivimos con tanto ajetreo que este tiempo ha sido bueno para pensar en las cosas que de verdad son importantes.

«Es momento de ser cristianos de verdad, ayudando y sirviendo a nuestro alrededor»

Como cristianos, muchos nos miran para ver cómo nos comportamos. Creo que la gente tendrá un recuerdo de este tiempo. Es el momento de ser cristianos de verdad, de ayudar, de ofrecer nuestra ayuda a los vecinos. De vivir un cristianismo más auténtico.

Y claro, he tenido momentos de incertidumbre, pero el Señor ayuda en este proceso. Tenemos que estar agarrados de Dios para ayudar a este mundo.

 

P. Algo más que quieras añadir.

R. Es muy importante la investigación, seguir investigando para saber cómo tratar la enfermedad. En el hospital me dedico a la investigación. Hay que hacer ensayos clínicos, entendiendo que debemos resolver estas preguntas mientras atendemos a los que están sufriendo.


Con permiso del autor · Artículo original en: Protestante Digital

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